domingo, 15 de noviembre de 2009

"Los lunares en Tierra y yo, en la Luna"


Entro al aula y la veo de espaldas, de cara a la pared, no se percata que he llegado tarde como todos los días. Su cabello castaño me seduce, me invita a tocarlo a…
-Puede pasar.
-Gracias.
Como todos los días le toco el hombro ella se para como si no me conociera, me acomodo y me siento, la rutina de todos los días es así y francamente no quiero cambiarla. La profesora da la espalda a los alumnos. La beso en la mejilla.
-Disculpa la tardanza.
Tengo muchos defectos, pero ella en mi solo ha visto uno, y por más que le he preguntados cuantos tengo, ella con su voz suave me dice:
-Hay algo en ti creo que nunca va a cambiar, y es que eres tardón. ¿No puedes llegar temprano así sea por mi?
Ella mira su cuaderno y escribe, coloca su bolso blanco –también puede ser negro, todo depende de cómo venga vestida- a mi lado, como un abismo que nos separa y aunque no nos dirigimos la palabra al mismo rato no evito mirarla, contemplarla, tratar de contar cada unos de sus lunares, los miro, pero hay uno en especial que me agrada, uno que lleva en su pecho, centímetros arriba de su busto. Lo miro y me pongo en su lugar, como si yo, el lunar, estuviera perdido en el campo de su pecho admirado por tanta belleza, tan embobado que no sabría a donde ir, teniendo como único consuelo quedarme ahí, y contemplar todo a la vez.
-No seas descarado y deja de mirarme, el profesor te puede ver.
Salgo del sueño, para entrar de nuevo, para ponerme en el lugar del lunar que lleva en el cuello, aquel que me gusta besar sin ningún tipo de atrevimiento, sin una sola gota de morbo, solo para rendirle culto a aquel sobreviviente de tal cruenta batalla que son mis labios, mis ganas de morderlo y arrancarlo como trofeo de guerra.
-A ver alumno, usted el de lentes, dígame que valores puede tomar “X” en la siguiente ecuación?
-No sé?
El sueño se interrumpe, y mi vista se fija en su rostro sus ojos fijos miran atentamente la pizarra, la clase de Razonamiento matematico para ella nunca se interrumpe, ni mi mirada penetrante, descarada. Sin importarme nada miro sus parpados, sus ojos claros y el lunar que como una segunda pupila se enmarca bajos sus ojos, es el mas curioso de tos los que lleva en el cuerpo y a pesar de que a ella no le gusta me encanta saber que ese lunar me mira, fantasear que lo beso, que beso cada uno de ellos, sin saltearme ninguno…
-¿No piensas copiar?
-Sabes que los números no me gustan, solo escuchare la clase, además mi cuaderno tiene alergia a cursos como estos.
La verdad nunca creí en Dios o algún ser supremo superior a mortales como nosotros, pero últimamente siento que hay algo mas allá de esa belleza que ella posee, una belleza suprema, sobrenatural, algo diabólica. La miro y me es indiferente ¿Sabe que la amo? Tal vez, si se lo he dicho varias veces. Me encanta caminar con ella, abrazarla y trastabillar al ritmo de sus caderas, besarla y sentir sus labios rozando los míos.
Cierro los ojos e imagino aquel lunar que alguna vez me dijo que tenía en su muslo izquierdo. Uno travieso, escondido de toda vista humana, admirable solo a sus ojos, y es que aquel lunar nadie lo ha visto, solo ella, cuando se desnuda, cuando se ducha y cuando el agua recorre su torneado cuerpo.
Así pasan las horas, esperando la salida, y dejando reprimida esa locura que llevo dentro, y que solo sale a flote cuando la tomo entre mis brazos y la beso.
-Nos vemos mañana, cuídate y no olvides que te amo, mi caderoncita.
- Y tú no te olvides llegar temprano mañana flaquito.

martes, 10 de noviembre de 2009

"Tan solo estiró la mano"


“Señores pasajeros, damas y caballeros, disculpe que interrumpa tu lindo viaje pero he venido a cantarles una linda canción, luego pasaré por sus asientos y les ofreceré estos ricos turrones de maní con wafer de vainilla. Porque saben, mi madre esta enferma y tengo que trabajar, mi padre esta en un penal acusado de un crimen que no cometió, mi hermana embarazada y mi hermano en el Centro Victoria. No vengo a pedir limosna, vengo a trabajar porque en las mañanas estudio, y en las noches veo a mi madre en el hospital. Por eso estudiante madre de familia, colabórame”
Si alguna vez has subido a un carro sin escuchar alguno de estos testimonios, es por que quizá no has vivido en el Perú, en el Perú de verdad, en el cual encuentras niños limpiando los parabrisas de algún carro, u ofreciendo algún “producto golosinario”. Niños tocando algún charango, o ex presos del algún penal saturado. La calle es demasiado pequeña para albergar tantos corazones sin paz.
No quiero echarle la culpa al gobierno porque sé que no tiene la culpa, de eso me he dado cuenta todos los días que subo a un carro para ir a estudiar, y alguna voz aguda interrumpe mi lectura, y es que debo reconocer que al principio los miro con odio, pero eso solo es de gente insensible que les da el perfil a la hora en que ellos te ofrecen algo, o estiran la mano para que les des un poco de esperanza. Ahí aprendí que la vida es dura, mirando sus ojos vidriosos, sus dientes que lo único que lo único que han mordido durante todo el día han sido sus uñas, de preocupación si, porque no saben si este día llevaran menos que ayer, o porque sus espaldas serán castigadas con odio de sus padres.
La calle es dura ¿Más dura que el pan que muerden ellos todos los días? Tal vez. Yo nunca los mire como los miro hoy a través de mis lentes opacos, sorteando los agujeros de las pistas -¿Serán igual de grandes los agujeros que hay en su corazón?-, cantando un viejo huayno, una cumbia adaptada al charango, una canción que nunca escuché, una melodía que solo habita en su corazón.
Tal vez al recordarlos se me encoja el corazón y haga un mea culpa, y trate de arreglarlo todo, pero dios mío que puedo hacer, sus ojos, sus dientes, las miradas, las bolsas, los caramelos, los buses, los ruegos, los agujeros, su corazón, el mío. Desgraciadamente ya no puedo hacer nada. Nada.
¿Pero sus padres no tienen la culpa? Tal vez, pero en un país donde las familias mas pobres llevan 6 o 7 hijos a cuestas, la decisión de escoger a cual alimentar hoy a quien dejar con el estomago vacio. La culpa ya no viene a ser de ellos ¿Entonces del Estado? No, porque esto es algo en el cual el Estado no ha intervenido, ni ha hablado ¿Entonces? De cada uno, de cada uno de nosotros que no sabe lo que es una política de planificación familiar.
Los niños que vemos en las calles mirándonos tristes, agobiados, castigados por el sol, no saben realmente si sus padres los quisieron tener, ellos solo saben que mañana tienen que comer, y que al día siguiente tienen que ir a trabajar, y si tienen suerte a estudiar. Los niños son nuestra responsabilidad, no les niegues esa poca de esperanza que llevas en el bolsillo
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Este pequeño ensayo lo iba a presentar para un concurso que organizo mi academia, no lo presenté por que aun faltaba corregir.

lunes, 2 de noviembre de 2009

"Algunos dialogos curiosos"


-Haz leído alguna vez algún libro de autoayuda?
-Si
-¿Y en qué te ayudaron?
-La mejor ayuda que me dieron fue entender que los libros de autoayuda no te ayudan ¿Alguna vez haz leído a Borges?
-Ah?

*

-Alguna vez has besado a alguien tan feo como yo?
-Sí.
-¿Quién?
-Mi ex

*

-Desea agradecer a alguien por el premio.
-Claro
-Coja el micrófono y hable.
-Bueno –para todo el auditorio- Quisiera agradecer a todos los que hicieron posible este cuento: a mí, pero en especial a la mujer que creyó en mí y se encuentra acá, te quiero y gracias por acompañarme. Y a Cristian un profesor que me ayudo a corregirlo.
Luego.
-Te odio, faltaba muy poco para que toda la academia se entere que estoy contigo.

*

-Limpia tu cuarto, está hecho un desastre.
-Ya un toque… Uhmmm… Terminé!
-Ustedes tuvieron que ver algo –dice mi madre mirando la bolsa de avena.

*

-Profe ¿Por qué Sartre piensa que todos somos unos bastardos?
-Alumno, bueno… Uhmmm…Mira…
-Si profe tiene razón Sartre al decir que somos unos bastardos.

*

-Con ese cabello tan largo pareces Mariela Balvi, córtatelo hijo.
-Papá mira, ni creas que me he olvidado que a mi edad tu era hippie y fumabas hierba
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martes, 27 de octubre de 2009

"Los consejos de la señora Inés"


Se acuesta a mi lado y yo emito el último suspiro
-Leticia nos fregamos.
-No me digas que se rompió.
-No, nos olvidamos de la señora Inés.
Debería decir que todo empezó un día que estaba con Leticia en el paradero esperando el carro que nos llevaría, a ella a su casa y a mí a la avenida Tacna, para luego regresar a Alfonso Ugarte a tomar un carro que me llevaría a mi casa. En el paradero que queda a pocos metros de la academia Leticia me felicitaba por obtener el segundo puesto en el concurso de cuento.
-Para mi tú ocupaste el primer puesto.
-Bueno, pero uno siempre aspira al primero.
Me abraza y me dice que me ama, me besa y en sus ojos leo el libro de su vida. Toco su cintura lentamente y bajo hasta su cadera. Sus ojos se cierran, y antes de que los míos se cierren suspiro algo a su oído.
-Te amo tanto que quiero llevarte a mi cama.
-No seas loco, aun no.
Me besa con pasión hasta sangrarme los labios. Mete su mano bajo mi polo y aunque yo intento lo mismo ella me detiene.
-No seas loco estamos en la calle. Cuando estemos solo haces todo lo que tú quieras.
-Pero eres tan linda, tan bella que me muero por entrar en ti. Bésame
Pero justa antes de probar sus labios alguien me toca al hombro y me dice.
-Disculpen ustedes son de la academia.
-Si –digo yo algo abochornado. Ella nos mira amablemente y nos dice:
-Chicos, estudien, yo sé que ustedes se aman pero tómense su tiempo- Ella me mira y me dice con un tono amigable y sereno-. ¿Qué pasaría si la dejas embarazada hijo? Todas sus metas se van al agua…
Leticia me mira y pongo una cara de no saber que pasa. Solo escucho a la señora.
-Mi nombre es Inés, y vivo acá al frente –nos señala una casa un poco antigua con un balcón y ventanas- y así como ustedes veo muchas parejas que vienen y se besan. Saben en una lastima que tantas jovencitas queden embazadas –ahora la mira a ella y le dice-. Hijita bueno fuera que el hombre nos ayude, pero las que estamos con la barriga somos nosotras, pero el hombre cae parado. Así que ya saben, dejen de pensar en sexo, eso luego. Cuando quiera pasar algo, acuérdense de la señora Inés.
-Claro señora –atino a decir amigablemente-. Cada vez que pase algo ¡Uy, la señora Inés¡ -Leticia se ríe y la señora me mira.
-Si hijito, ahora vayan a su casa que acá hace mucho frio.
-Claro señora se preocupe.
La señora Inés se mete a su casa, y cierra muy despacio la puerta. Miro a Leticia a los ojos y le digo en tono de burla.
-Y ves por estar haciendo tus cosas acá.
-Oye tu eres el enfermo. Tengo hambre.
-Vamos te invito algo.
-Ya pues vamos acá la bodega.
En el camino conversamos sobre lo sucedido y nos reímos un poco, compro algo para ella y regresamos al paradero. Al poco rato pasa un bus y subimos. Nos volvemos a besar con la misma pasión, ahora si logro meter mi mano bajo polo y le digo suavemente.
-Leticia no te olvides de la señora Inés.
Ella se ríe y nos volvemos a besar

lunes, 12 de octubre de 2009

"El duelo"


“Toda esa noche provocaste ver en mi
lo que a nadie muestro en la intimidad
pero ese tipo de mirada que hay en ti
me obligo a matarte lentamente”

La ley “El duelo” (1995)


Para la mujer de los fonemas líquidos


Metiste la llave en la ranura y la giraste. Aquel sonido negro y vacío aún rebotaba en tu cerebro, un sonido como un zumbido, como cuando sus pupilas se contraían lentamente, como cuando sus ojos se cerraban y se protegían en esa oscuridad eterna. Su miraba caía, su cuerpo, sus labios que alguna vez probaste. Esa era la última imagen que tenias de ella antes de subir al auto y poner primera.
La niebla cubría la ciudad mientras la recordabas, mientas recordabas la tarde en que le pediste a Leticia que fuera tu esposa. Su cara de alegría. Recordabas que demoro una semana en darte la respuesta, demoro tanto que ya estabas dudando en si te aceptaría, y es que a pesar de que ya te había recibido el anillo no te dio la respuesta en ese instante. Un delfín enroscado en su dedo era el regalo que le darías. Hasta que llegó el día de la fiesta de compromiso y la viste con el collar que le regalaste cuando aún eran jóvenes enamorados, tu alma se ablando y ya no eras hombre si no sentimiento puro, materia que solo podía sentir. La imagen de la Virgen María colgaba de su cuello con la inscripción que decía: “Santísima Virgen María protégeme de todos los males”. Te alegró verla con el collar y el anillo aquel día.
La pista estaba mojada, la neblina dio paso a la garúa, que no se esconde de ti, la ves por la luz de los postes, y en los pequeños charcos que reflejan el cielo oscuro de la madrugada. Cerraste los ojos y la recordaste, y viste su imagen en tu mente, y tus manos temblaron, por un momento el carro se balanceo, pero tomaste control de él, pero qué podías hacer su imagen aún te atormentaba, tenías ese olor fuerte en las manos, y seguías sudando a pesar que tenías las ventanas abiertas. Tomaste la primera entrada a la vía expresa con destino a la avenida Javier Prado. De reojo mirabas a los taxistas manejar somnámbulamente al otro lado de la vía como si huyeran del destino que vas a tomar.
El día del matrimonio fue el mejor día de tu vida, y es que a pesar de que me aburría ver al sacerdote hablar durante toda la ceremonia, me divirtió verte con aquel terno negro como si fueras a un entierro. Después que llegaste de la luna de miel, que duro 2 semanas si no me equivoco, todos en el bufete se burlaron del traje que llevaste en el matrimonio, pero tú no les tomaste atención, eras todo un caballero. Cogiste la palanca del carro y cambiaste a segunda. Note que no te habías a acostumbrado ver a Leticia todos los días, aquella mujer con la que compartirías tu vida y quien sabe, tendrían hijos. Pero nunca los tuvieron. Ella te miraba como la primera vez en que se vieron. No creías que mujer tan bella fuera tuya.
-Por un demonio, por qué. Porqué –gritaste, para cambiar la velocidad del carro a tercera.
Desde que cogiste el carro no habías pisado el freno, ¿Quieres matarte? La lluvia seguía cayendo por el parabrisas, las llantas giraban cada vez más rápido como si flotaran sobre la pista.
Nunca supiste como comenzó, lo único que sabes es que empezaste a beber desde hacía ya un tiempo, ¿Como? ¿Qué por culpa de Leticia te volviste alcohólico? ¿Solo porque pelearon una vez? Y es así como decidiste desahogarte en el trago, aquel ron que hacia arder tu garganta al pasar.
Ochenta kilómetros por hora y subiendo. La noche se acaba, el carro acelera y las ruedan giran cada vez más rápido como si quisieran salir volando por los aires. Llegaste tarde hoy en la noche a casa. Te quedaste celebrando el cumpleaños de un colega del bufete y claro tú tenias que estar presente, había trago y música a todo volumen, pues francamente querías despejarte de tantas horas de trabajo, tratando de memorizar nuevas leyes o como aplicar nuevos códigos civiles. Cuando entraste viste Leticia llorando por ti, por como habías cambiado y habías dejado de ser aquel joven amable que le regaló aquel anillo con el delfín, ese delfín que simbolizaba la valentía, y esa valentía que ahora estabas perdiendo.
-¿Por qué lloras? –preguntaste fríamente
-Por qué me das pena. Me da pena verte así, llegando tarde haciendo Dios sabe qué!
-Sabes, porque en vez de llorar no me sirves algo para comer.
-Ya que eres tan valiente para tomar, sé también para hacerte tus cosas.
Tus ojos se inyectaron de odio y lentamente te aceraste a ella para, zum! Plantarle tremenda bofetada en toda la cara y dejarla así casi desmayada en el suelo, mirándote, quien sabe con odio o con miedo.
-Para eso tomas infeliz –Te gritó.
Levantaste la mano una vez más pero te acordaste de aquella arma que tenías en tu cajón. Con el piso moviéndose bajo tus pies te tambaleaste hasta la mesa de noche y sacaste el revolver, y lo colocaste en el centro de su frente. Solo querías asustarla, un susto para que aprenda que no se debe meter contigo, porque sabes Leticia, él es el hombre de la casa, o eso quiere aparentar antes sus amigos, antes sus clientes y ante todo aquel hombre que dudara de su hombría.
-¿Que haces? No juegues con eso.
La miraste desviadamente, y tus ojos se nublaron y solo sentiste aquella quemazón en las manos. El hilo de sangre que salía de su frente se empozaba en sus ojos aún abiertos, bajaba por su nariz, desviaba sus labios, tocaba el collar para terminar en el suelo. Tus ojos se abrieron. Sentiste que todo el alcohol que llevabas en la sangre se evaporaba en tus venas, y tocabas tierra, y sentías que todo el mundo se te venía encima. La miraste, cogiste el collar y saliste en el carro.
El carro seguía avanzando. La aguja marcaba ciento diez, la pista estaba resbalosa, lo sentías en el timón. Decidiste prender un cigarro para calmar los nervios, la lluvia caía sobre el parabrisas y a través de este ya no se podía ver nada, así que solo dejaste que el carro se conduzca para sentir el golpe frío y seco de la muerte, antes de eso solo atinaste a cerrar los ojos. Cuando los abriste de nuevo te viste dentro del carro, empotrado en una viga de la vía expresa, con el cigarro aún colgado de tus labios, para que luego este cayera y se moje con la gasolina que caía del tanque que estaba roto. El carro explotó. Física y sicológicamente destrozado
-¿Te sientes bien?
La miraste a los ojos y aún estaba ahí, a tu lado, mirándote con aquellos ojos fijos, y el collar con la Virgen colgando de su cuello.
-Si, no te preocupes. Solo que me preguntaba como una mujer tan perfecta como tú puede tener a un tipo como yo a su lado. Sabes, te amo y desde hoy cambiaré. Voy a dejar de tomar
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Pdt: Aun no olvido que tengo el otro el otro cuento pendiente
Pdt2: Si, ya se hace 1 mes que no publico

Pdt: Este cuento lo presenté para un concurso que organiza mi academia. Ojalá gane. Son 135 soles

jueves, 3 de septiembre de 2009

"Interludio" Penúltima parte.



*
El tranvía que pasa por la plaza 2 de Mayo pasa repleto de gente. En la plaza ellos bajan y se dirigen por todas las salidas de la plaza. Una de esas salidas es la avenida Alfonso Ugarte, que termina en la plaza Bolognesi, héroe de aire quijotesco quien enseña su bandera en alto, como queriéndosela mostrar a Grau que esta a pocas cuadras de él, como diciéndole “Después de todo no perdimos la guerra, acá esta la bandera, me la entregó en el cielo una soldado llamado Alfonso Ugarte”, pero él no lo mira, mira hacia el Palacio de justicia ¿Indignado? ¿Curioso? El secreto solo lo tiene esa estatua. Como hormigas avanza la gente y una danza extraña se ve desde el cielo. Los pocos automóviles que hay en la ciudad acompañan la danza alrededor del héroe, el día es claro igual que sus ojos. El sol se esconde entre las nubes como queriendo evitar ver Lima. Lily aun no sale a barrer su casa. Malvas se ve tan vacía sin ella, tan triste, sin vida, sin ese perfume que sale sus poros que aromatizan el pasaje.
Sé que hoy es el cumpleaños de Martin, y por alguna extraña razón Alberto no viene a visitarme, no viene desde hace 2 semanas, quizá lo hayan dejado consignado en el colegio y no pueda salir. Necesito conversar con él.
-Te buscan –grita mi madre
Bajo sigilosamente las escaleras y por la ventana miro quien es. Es Martin.
-Hola hermano.
-Hola.
-Necesito que me hagas un favor.
-No puedo ¿Necesitas algo mas?
-¿Te pasa algo?
-No. Disculpa pero me tengo que ir.
Se cerró la puerta. “O más bien la cerré yo”
*
-¿Lily cuál es el lugar mas insólito donde alguien se te declaro?
-Mi casa.
-¿Sabes? Me gustaría invitarte a salir.
-Claro, pero a donde me llevarías?
-Al cine, hay película que sé que te va a gustar.
Había algo en Lily que me volvía loco, tal vez era su acento argentino, esos “ches” y “vos” que volaban por el aire.
-El cine es la mejor opción –le dije- luego podríamos salir a comer unos helados.
-Bueno. Está bien, te acepto porque sé que eres diferente a los demás chicos de acá. Tú eres más serio, más tranquilo, por eso me llevo mejor contigo.
-Talvez, o talvez no sea lo que crees.
La salida con ella fue espectacular a pesar de que no logre nada con ella, me seguía impresionando su manera de mirarme, de tratarme, de hacerme sentir que tenía esperanzas con ella que algún día e daría el si y viviríamos felices.
*
Un día Alberto llego pálido a mi casa, no había venido a visitarme como hace dos meses, al parecer recién había salido del colegio pues venia del tranvía de La punta, que lo deja en 2 de Mayo. Tenía aun el uniforme de salida.
-Necesito que me acompañes a la casa de Teresa – me dijo al tiempo que abrí la puerta.
-Pero que a pasado.
-El Esclavo a muerto.
Recuerdo que Alberto me contaba de un chico que estudiaba con él en el colegio militar, todos lo batían, y lo humillaban, por eso lo llamaban el Esclavo, era un sonso según me decía Alberto, pero yo nunca lo conocí.
-Que dices?
-En el camino te cuento. Ahora apúrate.
-Está bien.
Alberto me contó que no lo dejaron salir del colegio, pues descubrieron el robo de un examen y consignaron a todos hasta que se descubra el culpable. Me contó que el Esclavo estaba enamorado de Teresa, y ahora Alberto lo estaba, en la desesperación de salir el Esclavo delato al Jaguar, y Alberto cree que el Jaguar mató al Esclavo.
-Tengo que hablar con Teresa y contarle todo, la culpa me sigue, yo tengo la culpa, no le quise escribir cartas para Teresa pues yo estoy enamorado de ella.
-Tranquilo Alberto, tú no tienes la culpa.
-Ahora espérame acá mientas voy donde Teresa

sábado, 22 de agosto de 2009

"Interludio" Parte 2


Debo agradecer a la gente que apoya este blog así sea uno el que me siga. Para mi es una sorpresa que así no haya publicado 1 mes la gente me aopye siguiendome. El blog a cambiado, ya tiene un año vendrá con mas post y menos abandonos.. Tambien se viene el examen en San Marcos, ojala ingrese, tengo unas ganas de quemar todos los libros de Matemática, y golpear policias. Ya sabe apueste por lo nacional.
Piratea y difunde.


*


-¿De donde eres?
-De la Argentina –me respondió Lily.
Mi casa quedaba cerca al pasaje Malvas. Malvas es un pasaje que da a la avenida Alfonso Ugarte, no tiene más de 7 casas y luego da una vuelta brusca para salir por otra avenida. Mi casa era la más grande de la cuadra y Lily vivía a mí costado. Antes vivían ahí unos gitanos que eran muy extraños, en tanto tiempo que vivían ahí solo veía a salir al señor de la casa, se llamaba Melquíades, y era muy raro, los chicos de la cuadra se burlaba de él, y hasta le tenían miedo si lo veían muy cerca. Yo nunca me burle de él. Melquíades llevaba una barba larga y una túnica negra con la cual siempre lo veía, decían que su esposa era un bruja y el era un mago diabólico, pero cierta vez me dijo “¿Tu crees en la alquimia?” lo mire asustado y solo atine a responder “Si, señor”.Fui corriendo a mí casa y busque en un diccionario la palabra alquimia, de ahí supe que no era un mago diabólico.
Después de ese episodio veía ya no a Melquíades con miedo si no con curiosidad, lo veía entrar y salir de su casa todos los días con la misma túnica negra llevando una bolsa, luego lo veía llegar de noche, con la bolsa llena. Me había ganado la burla de mis amigos, creían que Melquíades me había embrujado y que cualquier día me convertiría en sapo o algún animal asqueroso.
-Ustedes son unos bobos ¿Cómo creen que un viejo así va a ser un mago diabólico?
Un día me sorprendió la noticia de que Melquíades había muerto, y a pesar que nunca habla con él, solo lo miraba había algo que me unía a él así que solo atine a ir y pararme frete a su ataúd. Estaba con la misma túnica el sombrero y su barba, no parecía muerto parecía dormido. Luego la esposa de Melquíades se mudo y la casa quedo vacía por unos meses hasta que llego Lily.
-¿eso donde queda?
-Lejos.
Seria que me había enamorado de Lily y aunque aun era muy joven sabia que ella me haría caso, no le hablaba a los otros chicos como me habla a mi, conmigo ella es distinta, es mas suelta.
-¿Tu tienes enamorada?- me pregunta ella
-Bueno no, pero me gusta una chica.
¿Que si, y la conozco?
-Bueno talvez.
-Hey hombre la niña no te hace caso? –dijo alguien tocándome el hombro, era Martín, venia bien vestido, y los zapatos bien lustrados como si fuera a una fiesta.
-Tranquilo hombre. Sabes Quero que me acompañes
Sin hacer caso a Martín miraba a Lily, la niña de mis ojos. Martín pidió que le presente a Lily, le hice caso a regañadientes
-Oye Martín no pudiste ser mas educado –le dije cuando Lily se fue.
-¿Qué te gusta?
-Si, y siento que me va a hacer caso.
-Bueno como tu quieras, pero necesito que me acompañes a un lugar, no te va a quitar mucho tiempo.
-Lastima no puedo estoy esperando a alguien –era a Alberto, hoy era sábado y salía del colegio. Quedamos en que lo acompañaría a la casa de una chica llamada Teresa.
-Bueno, tu te lo pierdes.
Salí por mi balcón para vera a Martin alejarse, pero vi que se quedaba en la esquina. Prendió un cigarrillo y empezó a aspirar lentamente el humo, notaba raro que a Martín un tipo de vida algo apurada estuviera esperando en una esquina, hasta que mis sospechas se aclararon. Martín mi mejor amigo esperaba a que Lily saliera de su casa, de ahí que vi como la interceptaba y se iba caminando con ella.
-Te busca Alberto baja –grito mi madre desde el primer piso.
En mi cabeza solo estaba la imagen de Martín caminado junto a Lily, mientas bajaba las escaleras los imaginaba besándose o imaginado a Martín, Martín Romaña tratado de caerle a ella, en realidad de que me preocupaba si aun Lily no sabia.
-Carajo hombre te veo ahuevado hace un buen rato.
-Estoy enamorado Alberto, y no se que hacer.
-Las mujeres no valen la pena, olvídala yo se lo que te digo.
-Pero y Teresa, tu estas enamorado de ella.
-Eso es distinto.
-¿En que?
-En que yo no quiero nada serio con ella. Tu sabes que mis padres me mandaran a Estados Unidos cuando termine el año.
-Te acuerdas de Martín?
-Claro, no sé por que pero ese tipo me da mala espina.
-Bueno el se fue con ella hoy. La estuvo esperando y se fueron juntos.
-Aléjate de él yo se lo que te digo. Ahora espérame acá tocare la puerta de Teresa y me esperaras, si salgo con ella te vas y mañana nos vemos.

miércoles, 12 de agosto de 2009

"Interludio" PARTE 1




A Alberto lo conocí cierto día que caminaba por Alfonso Ugarte, y como esa vez lo veo ahora caminando por la gente cabizbajo, diferente a los demás, con las manos en los bolsillos ajeno a los demás.
-Hey, cadete cuádrese –le grité.
Alberto y yo teníamos algo en común; los dos estábamos en quinto año, y aunque estábamos en colegios distintos tratábamos de vernos seguido, y eso claro dependía de él. Yo estudiaba en el Salesiano, y él en el Leoncio Prado, y solo lo veía cuando salía.
-Hola.
-Que haces por acá cadetito,
-Paseando. No me consignaron.
Por ese tiempo que andaba con Alberto llego a mi barrio a vivir Lily. Nunca supe realmente cuando vino, solo se que cuando salí a mirar por mi balcón ella estaba barriendo su vereda. Lily era una joven muy bella, y aunque nunca me hacer a ella sabia que tenia mi edad, y que el próximo año iría al colegio, que era un chica humilde, y que venia de Argentina. Todos los días salía por mi balcón a mirarla barrer su vereda, a mi parecer era una joven muy bella, de cuerpo recién formado, torneándose poco a poco camino a ser una bella mujer. Me gustaba mirarla con sus pequeñas blusas, sandalias y esa pequeña falda que volvía locos a todos lo chicos de la cuadra, y es que ella era la sensación del barrio, todos quería hablarle, todos quería saber quien era, de donde venia, y lo mejor de todo: Saber si algún día ella accedería salir con uno de ellos, claro entre ellos estaba yo.
Lily tenía a pesar de ser una niña, no pasaba de tener 17 años, y aunque aparentaba más por su manera de comportarse nunca quiso salir con nadie. Era una bandida hacia cosas que ninguna chica de mi barrio hacia, se ponía ropa corta, y era un poco atrevida al comportarse.
Cierto día encontré a Alberto caminado lentamente entre la gente dirigiéndose a la Plaza Bolognesi, creo que salía de Dos de Mayo.
-Cadete Alberto Fernández –le grite.
-Hola, disculpa pero tengo que irme estoy apurado, han consignado a un amigo y tengo que hacerle un favor, te parece si paso por la noche a tu casa?
-Bueno esta bien. Cuando llegue a mi casa vi a Lily en la puerta de la suya. La salude y le dije “Hola”, y ella me respondió. Esa noche no pude dormir

*
Martín, es un chico de clase alta, cuando lo vi por primera vez francamente me cayo muy bien, y hasta ahora me sigo hablando con el porque francamente el no tuvo la culpa de todo lo que pasó, Martín y sus locuras. Martín y sus bromas, sus palabras con doble sentido, sus ironías, sobre la vida, sobre el amor, era un tipo muy maduro a pesar de tener 17 años. Martín Romaña si era un de plata, pero nunca le gusto esa vida, pensaba cumplir la mayoría de edad para irse a Paris a estudiar. Su padre era una de las personas mas respetadas de todo Lima. Lo conocí en una fiesta en San Isidro la cual invitaron a una ti amia con la cual fui.

*

-¿Qué ya estas borracho? -Carajo Martín son más de 6 botellas las que vamos. El malecón de Miraflores adornaba con sus olas nuestra borrachera. El lugar: Una cueva cerca de la playa. Martín descubrió ese lugar cierto día que estábamos en la playa mirado a la chicas de plata bañándose, Martín era un tipo perdido sin…
-Alto ahí carajo-grito alguien a lo lejos. Un policía a lo lejos nos grito.
-Suelta la botella y corre dijo Martín. Solté la botella y solo vi al policía correr detrás de nosotros, yo corría mas rápido que Martín, cuando corría lo veía abrir la boca, respiraba dando bocanadas de aire.
-Corre Martín ya nos alcanza. El policía seguí corriendo, sabia por que de rato en rato miraba atrás y cada vez lo veía masa cerca. Mientras corríamos por el malecón la gente nos miraba impávidos, como si fuéramos delincuentes. Corríamos con el mar de fondo, con el sol cayendo lentamente hasta que un tipo nos cortó el paso, abrió sus brazos y nos encajo tremendo golpe en el cuello que nos dejo tosiendo buen rato.
-Así que ustedes son prófugos de la justicia? -Tranquilo –dijo Martín al policía- sabe por que no mete la mano a mi bolsillo.
-Cállate mocoso de mierda. Así que tomando en plena calle, los tendré que llevar a la comisaría, a llamar a sus padres. Yo miraba al policía y a la vez la tranquilidad con la cual Martín hablaba al policía, y le pedía que meta la mano a su bolsillo.
-Que te has creído mocoso que te voy a hacer caso.
-Que tiene miedo a un mocoso como yo.
-Que! Y encima malcriado.
-Vamos hágalo. El policía dudando metió lentamente la mano al bolsillo de Martín. “Como hagas algo moco de mierda te muelo a golpes” le dijo. Al introducir la mano el policía sintió algunos papeles mezclado, al sacarlo se dio cuenta que era billetes.
-Tome para que se compre algo. El policía lo miraba impávido sus ojos se había abierto tanto que sentía que en cualquier momento se iba a desorbitar. -Mira mocoso te aprovechas, te dejare ir pero otro día que te vea estoy seguro que no tendrás la misma suerte. Caminamos largo rato sin decir nada al respecto aun estaba asustado por el policía. Hasta que le dije.
-¿Martín, de donde como puedes andar con tanto dinero en el bolsillo?
-Ya sabes que mi papa es rico. Bueno en estos casos el dinero siempre te va a facilitar las cosas. Por el dinero se mueven las cosas, lo único que quiero es cumplir la mayoría e irme a Francia a estudiar de una vez. El sol ya se había ocultado y las luces de la cuidad se reflejaba en el mar, solo yo y Martín caminando algo ebrios por la cuidad de Lima, la gris.

 

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