viernes, 11 de diciembre de 2009

"¿Quien eres tú?"


Eres el tipo que sube al bus y que mientras estudia desvía la mirada mira el lindo trasero de alguna mocosa quinceañera que con esa hermosa falda que se menea meneas lentamente tus ojos, libidinoso que con el pretexto de estudiar, de hacerte el intelectual debías tu mirada para saciar tu morbo, tus ganas de no haberte acostado con nadie aun.
O eres la chica que mira hacia la ventana, pensando en que tu enamorado acaba de terminar contigo y reprimes esas ganas de llorar, de saber que no tendrás su cuerpo al lado tuyo, de aguantar esas ganas de no ser débil y saber que al lado de otra será mas feliz que a tu lado. Hubieras pensado eso antes de hacerle esa escena de celos antes quien no sabias que era su prima.
O eres el tipo que bajo su terno y el portafolio esconde a un demonio. Tú inhumano que golpeaste a tu esposa por que no se quiso acostar contigo anoche, que cogiste tu correa, y la azotaste, y la golpeaste, y la pateaste ¿Seguirá tu hijo vivo en su vientre? La mirada se te va, y el calor te hace sudar ¿Un par de flores arreglara todo?
O eres el tipo que mientras esta sentado escucha música con los audífonos, y escuchas el estridente reggaetón recuerdas que la chica que se acostó contigo anoche tenia un cuerpo espectacular “Que ricas tetas” murmuras “Como se movía la puta esa” Tus ojos se cierran y el humo del cigarro que entra por la ventana te hace recordar la discoteca, el perreo, su trasero redondo entallado por el pantalón moviéndose frente a ti. ¿Qué rico no?
Tal vez la chica aburrida que lo único que busca es atraer miradas con ese pantalón blanco que lleva, que le encanta que le miren, en especial aquel chico de audífonos con facha de rapero. Te maquillaste muy linda hoy, encendiste tus labios, resaltaste tus ojos, te pusiste esa blusa fucsia que resalta tus senos redondos. Recuerdas al ultimo hombre que te amo realmente, ese tipo que se creía guapo, todo por que te decía piojosa. Dios mío si te viera ahora, eres toda una diosa capas de poner cualquier hombre a tus pies, en especial al rapero que te sigue mirando.
O tal vez el tipo que va trabajar temprano, que aun somnoliento trata de despertar mirando esa belleza de blusa fucsia “Que rica” murmuras bajo, escuchando los boleros que pasan temprano en la madrugada por radio. Sabes que nunca tendrás una mujer así a tu lado, tú solo te acuestas con esas chicas que van a los conciertos de chicha. Y si la tocas sin que se de cuenta, solo su lindo traserito, se ve tan redondo, te mueven en el carro, te acomodas, y sientes sus curvas por tus dedos encallados, hasta que paras, pues sientes que la escolar te esta mirando.
O la escolar, aquella que va todas las discotecas, que se agacha y se mese frente al primer hombre que la invita a bailar. Que extraña eres. Y el chico de ayer, cada vez que te acuerdas de él tus piernas se contraen y te sientes desnuda en el bus. Sacas de tu mente todos esos pensamientos, hasta que ves aun tipo que sube.
Quizá el que se sienta y mientras lee, mira descaradamente a todas en el bus. Te impresiona la chica de blusa fucsia y la hermosa colegiala, que como una Lolita te mira y luego te es indiferente. Sientes que todos te miran, y dicen a la vez “Que enfermo es este tipo” y tu a la vez te preguntas “¿Quién soy yo?

jueves, 26 de noviembre de 2009

"Los amigos no se hablan en francés 2"


Nunca me considere un persona atractiva, y tal vez para poder dejar esto claro me describiré. Soy, no muy alto 1.72, cabello medio lago y alborotado, casi poseído, flaco narizón, con un par de dientes montados y de nariz torcida.
Bueno eso fue un pequeño intro a lo que vendría a ser la semana de Sandra, pues ella no paro de llamarme hasta en la academia, podría decir que se había obsesionado conmigo. Me llamaba cuando estaba con Leticia, y gracias dios por haberme dado a una mujer hermosa y sobre todo comprensiva –porque sé que muchos dirán que mas bien es ingenua- a la cual le decía que Sandra era un amiga mía y es la verdad solo es una amiga. Hasta que no pude mas y se lo dije.
-Leti tengo que decirte algo.
-Que pasa flaquito.
-Es sobre Sandra. Te negué, le dije que no tenia enamorada.
-Como pudiste.
-Leti mira…
Y ahí empezó el drama tuve que tratar de convencerla de que Sandra no me gustaba, y así empecé a hablar sobre todo lo que hacíamos en el colegio, y le dije que la ultima vez que la vi fue en la fiesta de promoción, cosa que por cierto era verdad. Y gracias dios por darme a la mujer más bella y comprensiva nuevamente. Leticia comprendió que la única mujer a quien amaba era a ella. Pero aun hay fantasmas del pasado que me persiguen, y eso lo contare luego.
-Te amo mi caderoncita.
-Mas te vale flaco.
Y es que ella es así me encanta que me amenace y me diga “Mas te vale”. Y Sandra siguió llamando, le contestaba cuando estaba solo, pero nunca cuando estaba con Leticia, llegue al extremo de poner mi celular en silencio por que el vibrador llegó a ser incomodo, bullero cuando estaba en el salón con ella. Así también poco a poco Sandra se olvido de su propuesta conmigo y me empezó a hablar de todo lo que había hecho con su ex en la cama, y que ella es así, no hay llamada en la cual no hable de sexo.
-Sabes Sandra hay algo que no te dije sobre mí, y que ya no me preguntas.
-Qué?
-Que si entre tú y yo podía pasar algo.
-Tengo enamorada.
-Lo sabía, eres un pendejo.
-Caray no me hables así.
-Sí, te lo digo porque lo eres.
Hasta que un día como todos los fantasmas desapareció, dejo de llamarme y hasta Leticia me pregunto si me había acostado en ella, pues ya no me llamaba.
-Como crees mi vida, la verdad no se por qué no me llama y la verdad no quiero saberlo.
Sandra apareció como un fantasma en mi vida, en mi vida feliz con Leticia, pero hay algo que me dejo pensando Sandra y es ¿Qué será de la vida de Rebeca?

viernes, 20 de noviembre de 2009

"Los amigos no se hablan en francés"


Es de madrugada y tengo el mp3 encendido escuchando algo de música –no duermo si no escucho música- y mi celular empieza a vibrar –si, lo tengo prendido de madrugada solo que en vibrador ¿Mi número? 997306126, cualquier insulto o desfogue emocional- miro el nombre y es Sandra, la chica loca que alguna vez quiso acostarse conmigo por el simple hecho de que me parecía a su enamorado. Me llamaba para decirme que se había acordado de mí últimamente. La última vez que la vi fue en la fiesta de promoción hace un año si no me equivoco. Recuerdo que llevaba un vestido negro largo y el cabello suelto, a mi parecer se la veía muy guapa, a todas las chicas de la fiesta se las veía guapas, fuera de los uniformes y de todo tipo de atuendo escolar que ocultara sus bellezas.
Me llamaba diciéndome que si podía hablar con ella.
-Pero Sandra ves la hora que es?
-Para mi es temprano.
-Y qué milagro es ese de llamarme a esta hora?
-Te incomoda?
- No pero que querías decirme?
-Nada.
-Bueno, tengo que dormir mañana tengo ir a estudiar.
-Pero…
-Dime ¡Caray! Los amigos no se hablan en francés, no creo que sea de otro idioma lo que me tienes que decir?
-Quiero hacerlo contigo.
-Y es necesario que lo digas tan descaradamente.
Me levanto de mi cama, descalzo y a tientas me dirigí a la puerta para salir a conversar mejor con ella. El aire helado de la madrugada calaba mis huesos que a simple vista se asoman por mi cuerpo, subo al segundo piso y converso mejor con ella.
-Ahora dime, que pasa
Me conto la larga historia sobre como termino con su enamorado, y me decía que no lo quería volver a ver, que habían terminado muy mal, y que ahora quería dedicarse a otra persona, por ejemplo: Yo. Su noticia me tomo frio, asi como me toman cada una de sus noticias.
-Caray, no me has visto desde hace mucho tiempo, quizá no te guste como sea ahora, quizá no te guste que lleve el cabello largo como lo tengo ahora.
-Me siento sola, por que mejor no nos vemos el domingo.
-No puedo tengo que salir.
Primer problema, como explicarle a alguien como Sandra que estaba con alguien, que amaba a otra persona y que no podía serle infiel, porque esa persona a quién amo me da lo suficiente como para no ir a buscarlo a otro lado.
-No puedo, por que tengo que ir a la casa de Julio –primera mentira.
-Mira yo no quiero solo acostarme contigo, sabes pensaras que soy una cualquiera que solo busca placer, que solo quiere usarte, pero no. Quiero estar contigo.
La cosa se pone grave, nunca fui bueno desilusionando a la gente ¿Qué hago?
-Estas con alguien –me dice-, es eso no?
-No.
Segunda mentira, negué a Leticia, mi conciencia no me lo va a perdonar, como pude negarla. El frio ahora se hace mas intenso, los carros hace horas han dejado de pasar.
-Sabes Sandra mejor llámame mañana, ahora tengo que dormir, mañana tengo que ir a estudiar, y sabes a mi no me gusta llegar tarde. Tercera mentira, soy tardón.
-No puedo, necesito que me des la respuesta ahora.
-Mejor te la doy el domingo que salimos Ok?
-Entonces saldremos el domingo?
-Si.
Y ahora como hago quede son Leticia salir el domingo. Ya sé el sábado en la noche llamo a Sandra y la cancelo, no puedo dejar que una llamada arruina mi vida con Leticia la amo y no quiero perderla.
Esta historia continuara...

domingo, 15 de noviembre de 2009

"Los lunares en Tierra y yo, en la Luna"


Entro al aula y la veo de espaldas, de cara a la pared, no se percata que he llegado tarde como todos los días. Su cabello castaño me seduce, me invita a tocarlo a…
-Puede pasar.
-Gracias.
Como todos los días le toco el hombro ella se para como si no me conociera, me acomodo y me siento, la rutina de todos los días es así y francamente no quiero cambiarla. La profesora da la espalda a los alumnos. La beso en la mejilla.
-Disculpa la tardanza.
Tengo muchos defectos, pero ella en mi solo ha visto uno, y por más que le he preguntados cuantos tengo, ella con su voz suave me dice:
-Hay algo en ti creo que nunca va a cambiar, y es que eres tardón. ¿No puedes llegar temprano así sea por mi?
Ella mira su cuaderno y escribe, coloca su bolso blanco –también puede ser negro, todo depende de cómo venga vestida- a mi lado, como un abismo que nos separa y aunque no nos dirigimos la palabra al mismo rato no evito mirarla, contemplarla, tratar de contar cada unos de sus lunares, los miro, pero hay uno en especial que me agrada, uno que lleva en su pecho, centímetros arriba de su busto. Lo miro y me pongo en su lugar, como si yo, el lunar, estuviera perdido en el campo de su pecho admirado por tanta belleza, tan embobado que no sabría a donde ir, teniendo como único consuelo quedarme ahí, y contemplar todo a la vez.
-No seas descarado y deja de mirarme, el profesor te puede ver.
Salgo del sueño, para entrar de nuevo, para ponerme en el lugar del lunar que lleva en el cuello, aquel que me gusta besar sin ningún tipo de atrevimiento, sin una sola gota de morbo, solo para rendirle culto a aquel sobreviviente de tal cruenta batalla que son mis labios, mis ganas de morderlo y arrancarlo como trofeo de guerra.
-A ver alumno, usted el de lentes, dígame que valores puede tomar “X” en la siguiente ecuación?
-No sé?
El sueño se interrumpe, y mi vista se fija en su rostro sus ojos fijos miran atentamente la pizarra, la clase de Razonamiento matematico para ella nunca se interrumpe, ni mi mirada penetrante, descarada. Sin importarme nada miro sus parpados, sus ojos claros y el lunar que como una segunda pupila se enmarca bajos sus ojos, es el mas curioso de tos los que lleva en el cuerpo y a pesar de que a ella no le gusta me encanta saber que ese lunar me mira, fantasear que lo beso, que beso cada uno de ellos, sin saltearme ninguno…
-¿No piensas copiar?
-Sabes que los números no me gustan, solo escuchare la clase, además mi cuaderno tiene alergia a cursos como estos.
La verdad nunca creí en Dios o algún ser supremo superior a mortales como nosotros, pero últimamente siento que hay algo mas allá de esa belleza que ella posee, una belleza suprema, sobrenatural, algo diabólica. La miro y me es indiferente ¿Sabe que la amo? Tal vez, si se lo he dicho varias veces. Me encanta caminar con ella, abrazarla y trastabillar al ritmo de sus caderas, besarla y sentir sus labios rozando los míos.
Cierro los ojos e imagino aquel lunar que alguna vez me dijo que tenía en su muslo izquierdo. Uno travieso, escondido de toda vista humana, admirable solo a sus ojos, y es que aquel lunar nadie lo ha visto, solo ella, cuando se desnuda, cuando se ducha y cuando el agua recorre su torneado cuerpo.
Así pasan las horas, esperando la salida, y dejando reprimida esa locura que llevo dentro, y que solo sale a flote cuando la tomo entre mis brazos y la beso.
-Nos vemos mañana, cuídate y no olvides que te amo, mi caderoncita.
- Y tú no te olvides llegar temprano mañana flaquito.

martes, 10 de noviembre de 2009

"Tan solo estiró la mano"


“Señores pasajeros, damas y caballeros, disculpe que interrumpa tu lindo viaje pero he venido a cantarles una linda canción, luego pasaré por sus asientos y les ofreceré estos ricos turrones de maní con wafer de vainilla. Porque saben, mi madre esta enferma y tengo que trabajar, mi padre esta en un penal acusado de un crimen que no cometió, mi hermana embarazada y mi hermano en el Centro Victoria. No vengo a pedir limosna, vengo a trabajar porque en las mañanas estudio, y en las noches veo a mi madre en el hospital. Por eso estudiante madre de familia, colabórame”
Si alguna vez has subido a un carro sin escuchar alguno de estos testimonios, es por que quizá no has vivido en el Perú, en el Perú de verdad, en el cual encuentras niños limpiando los parabrisas de algún carro, u ofreciendo algún “producto golosinario”. Niños tocando algún charango, o ex presos del algún penal saturado. La calle es demasiado pequeña para albergar tantos corazones sin paz.
No quiero echarle la culpa al gobierno porque sé que no tiene la culpa, de eso me he dado cuenta todos los días que subo a un carro para ir a estudiar, y alguna voz aguda interrumpe mi lectura, y es que debo reconocer que al principio los miro con odio, pero eso solo es de gente insensible que les da el perfil a la hora en que ellos te ofrecen algo, o estiran la mano para que les des un poco de esperanza. Ahí aprendí que la vida es dura, mirando sus ojos vidriosos, sus dientes que lo único que lo único que han mordido durante todo el día han sido sus uñas, de preocupación si, porque no saben si este día llevaran menos que ayer, o porque sus espaldas serán castigadas con odio de sus padres.
La calle es dura ¿Más dura que el pan que muerden ellos todos los días? Tal vez. Yo nunca los mire como los miro hoy a través de mis lentes opacos, sorteando los agujeros de las pistas -¿Serán igual de grandes los agujeros que hay en su corazón?-, cantando un viejo huayno, una cumbia adaptada al charango, una canción que nunca escuché, una melodía que solo habita en su corazón.
Tal vez al recordarlos se me encoja el corazón y haga un mea culpa, y trate de arreglarlo todo, pero dios mío que puedo hacer, sus ojos, sus dientes, las miradas, las bolsas, los caramelos, los buses, los ruegos, los agujeros, su corazón, el mío. Desgraciadamente ya no puedo hacer nada. Nada.
¿Pero sus padres no tienen la culpa? Tal vez, pero en un país donde las familias mas pobres llevan 6 o 7 hijos a cuestas, la decisión de escoger a cual alimentar hoy a quien dejar con el estomago vacio. La culpa ya no viene a ser de ellos ¿Entonces del Estado? No, porque esto es algo en el cual el Estado no ha intervenido, ni ha hablado ¿Entonces? De cada uno, de cada uno de nosotros que no sabe lo que es una política de planificación familiar.
Los niños que vemos en las calles mirándonos tristes, agobiados, castigados por el sol, no saben realmente si sus padres los quisieron tener, ellos solo saben que mañana tienen que comer, y que al día siguiente tienen que ir a trabajar, y si tienen suerte a estudiar. Los niños son nuestra responsabilidad, no les niegues esa poca de esperanza que llevas en el bolsillo
.
Este pequeño ensayo lo iba a presentar para un concurso que organizo mi academia, no lo presenté por que aun faltaba corregir.

lunes, 2 de noviembre de 2009

"Algunos dialogos curiosos"


-Haz leído alguna vez algún libro de autoayuda?
-Si
-¿Y en qué te ayudaron?
-La mejor ayuda que me dieron fue entender que los libros de autoayuda no te ayudan ¿Alguna vez haz leído a Borges?
-Ah?

*

-Alguna vez has besado a alguien tan feo como yo?
-Sí.
-¿Quién?
-Mi ex

*

-Desea agradecer a alguien por el premio.
-Claro
-Coja el micrófono y hable.
-Bueno –para todo el auditorio- Quisiera agradecer a todos los que hicieron posible este cuento: a mí, pero en especial a la mujer que creyó en mí y se encuentra acá, te quiero y gracias por acompañarme. Y a Cristian un profesor que me ayudo a corregirlo.
Luego.
-Te odio, faltaba muy poco para que toda la academia se entere que estoy contigo.

*

-Limpia tu cuarto, está hecho un desastre.
-Ya un toque… Uhmmm… Terminé!
-Ustedes tuvieron que ver algo –dice mi madre mirando la bolsa de avena.

*

-Profe ¿Por qué Sartre piensa que todos somos unos bastardos?
-Alumno, bueno… Uhmmm…Mira…
-Si profe tiene razón Sartre al decir que somos unos bastardos.

*

-Con ese cabello tan largo pareces Mariela Balvi, córtatelo hijo.
-Papá mira, ni creas que me he olvidado que a mi edad tu era hippie y fumabas hierba
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martes, 27 de octubre de 2009

"Los consejos de la señora Inés"


Se acuesta a mi lado y yo emito el último suspiro
-Leticia nos fregamos.
-No me digas que se rompió.
-No, nos olvidamos de la señora Inés.
Debería decir que todo empezó un día que estaba con Leticia en el paradero esperando el carro que nos llevaría, a ella a su casa y a mí a la avenida Tacna, para luego regresar a Alfonso Ugarte a tomar un carro que me llevaría a mi casa. En el paradero que queda a pocos metros de la academia Leticia me felicitaba por obtener el segundo puesto en el concurso de cuento.
-Para mi tú ocupaste el primer puesto.
-Bueno, pero uno siempre aspira al primero.
Me abraza y me dice que me ama, me besa y en sus ojos leo el libro de su vida. Toco su cintura lentamente y bajo hasta su cadera. Sus ojos se cierran, y antes de que los míos se cierren suspiro algo a su oído.
-Te amo tanto que quiero llevarte a mi cama.
-No seas loco, aun no.
Me besa con pasión hasta sangrarme los labios. Mete su mano bajo mi polo y aunque yo intento lo mismo ella me detiene.
-No seas loco estamos en la calle. Cuando estemos solo haces todo lo que tú quieras.
-Pero eres tan linda, tan bella que me muero por entrar en ti. Bésame
Pero justa antes de probar sus labios alguien me toca al hombro y me dice.
-Disculpen ustedes son de la academia.
-Si –digo yo algo abochornado. Ella nos mira amablemente y nos dice:
-Chicos, estudien, yo sé que ustedes se aman pero tómense su tiempo- Ella me mira y me dice con un tono amigable y sereno-. ¿Qué pasaría si la dejas embarazada hijo? Todas sus metas se van al agua…
Leticia me mira y pongo una cara de no saber que pasa. Solo escucho a la señora.
-Mi nombre es Inés, y vivo acá al frente –nos señala una casa un poco antigua con un balcón y ventanas- y así como ustedes veo muchas parejas que vienen y se besan. Saben en una lastima que tantas jovencitas queden embazadas –ahora la mira a ella y le dice-. Hijita bueno fuera que el hombre nos ayude, pero las que estamos con la barriga somos nosotras, pero el hombre cae parado. Así que ya saben, dejen de pensar en sexo, eso luego. Cuando quiera pasar algo, acuérdense de la señora Inés.
-Claro señora –atino a decir amigablemente-. Cada vez que pase algo ¡Uy, la señora Inés¡ -Leticia se ríe y la señora me mira.
-Si hijito, ahora vayan a su casa que acá hace mucho frio.
-Claro señora se preocupe.
La señora Inés se mete a su casa, y cierra muy despacio la puerta. Miro a Leticia a los ojos y le digo en tono de burla.
-Y ves por estar haciendo tus cosas acá.
-Oye tu eres el enfermo. Tengo hambre.
-Vamos te invito algo.
-Ya pues vamos acá la bodega.
En el camino conversamos sobre lo sucedido y nos reímos un poco, compro algo para ella y regresamos al paradero. Al poco rato pasa un bus y subimos. Nos volvemos a besar con la misma pasión, ahora si logro meter mi mano bajo polo y le digo suavemente.
-Leticia no te olvides de la señora Inés.
Ella se ríe y nos volvemos a besar

lunes, 12 de octubre de 2009

"El duelo"


“Toda esa noche provocaste ver en mi
lo que a nadie muestro en la intimidad
pero ese tipo de mirada que hay en ti
me obligo a matarte lentamente”

La ley “El duelo” (1995)


Para la mujer de los fonemas líquidos


Metiste la llave en la ranura y la giraste. Aquel sonido negro y vacío aún rebotaba en tu cerebro, un sonido como un zumbido, como cuando sus pupilas se contraían lentamente, como cuando sus ojos se cerraban y se protegían en esa oscuridad eterna. Su miraba caía, su cuerpo, sus labios que alguna vez probaste. Esa era la última imagen que tenias de ella antes de subir al auto y poner primera.
La niebla cubría la ciudad mientras la recordabas, mientas recordabas la tarde en que le pediste a Leticia que fuera tu esposa. Su cara de alegría. Recordabas que demoro una semana en darte la respuesta, demoro tanto que ya estabas dudando en si te aceptaría, y es que a pesar de que ya te había recibido el anillo no te dio la respuesta en ese instante. Un delfín enroscado en su dedo era el regalo que le darías. Hasta que llegó el día de la fiesta de compromiso y la viste con el collar que le regalaste cuando aún eran jóvenes enamorados, tu alma se ablando y ya no eras hombre si no sentimiento puro, materia que solo podía sentir. La imagen de la Virgen María colgaba de su cuello con la inscripción que decía: “Santísima Virgen María protégeme de todos los males”. Te alegró verla con el collar y el anillo aquel día.
La pista estaba mojada, la neblina dio paso a la garúa, que no se esconde de ti, la ves por la luz de los postes, y en los pequeños charcos que reflejan el cielo oscuro de la madrugada. Cerraste los ojos y la recordaste, y viste su imagen en tu mente, y tus manos temblaron, por un momento el carro se balanceo, pero tomaste control de él, pero qué podías hacer su imagen aún te atormentaba, tenías ese olor fuerte en las manos, y seguías sudando a pesar que tenías las ventanas abiertas. Tomaste la primera entrada a la vía expresa con destino a la avenida Javier Prado. De reojo mirabas a los taxistas manejar somnámbulamente al otro lado de la vía como si huyeran del destino que vas a tomar.
El día del matrimonio fue el mejor día de tu vida, y es que a pesar de que me aburría ver al sacerdote hablar durante toda la ceremonia, me divirtió verte con aquel terno negro como si fueras a un entierro. Después que llegaste de la luna de miel, que duro 2 semanas si no me equivoco, todos en el bufete se burlaron del traje que llevaste en el matrimonio, pero tú no les tomaste atención, eras todo un caballero. Cogiste la palanca del carro y cambiaste a segunda. Note que no te habías a acostumbrado ver a Leticia todos los días, aquella mujer con la que compartirías tu vida y quien sabe, tendrían hijos. Pero nunca los tuvieron. Ella te miraba como la primera vez en que se vieron. No creías que mujer tan bella fuera tuya.
-Por un demonio, por qué. Porqué –gritaste, para cambiar la velocidad del carro a tercera.
Desde que cogiste el carro no habías pisado el freno, ¿Quieres matarte? La lluvia seguía cayendo por el parabrisas, las llantas giraban cada vez más rápido como si flotaran sobre la pista.
Nunca supiste como comenzó, lo único que sabes es que empezaste a beber desde hacía ya un tiempo, ¿Como? ¿Qué por culpa de Leticia te volviste alcohólico? ¿Solo porque pelearon una vez? Y es así como decidiste desahogarte en el trago, aquel ron que hacia arder tu garganta al pasar.
Ochenta kilómetros por hora y subiendo. La noche se acaba, el carro acelera y las ruedan giran cada vez más rápido como si quisieran salir volando por los aires. Llegaste tarde hoy en la noche a casa. Te quedaste celebrando el cumpleaños de un colega del bufete y claro tú tenias que estar presente, había trago y música a todo volumen, pues francamente querías despejarte de tantas horas de trabajo, tratando de memorizar nuevas leyes o como aplicar nuevos códigos civiles. Cuando entraste viste Leticia llorando por ti, por como habías cambiado y habías dejado de ser aquel joven amable que le regaló aquel anillo con el delfín, ese delfín que simbolizaba la valentía, y esa valentía que ahora estabas perdiendo.
-¿Por qué lloras? –preguntaste fríamente
-Por qué me das pena. Me da pena verte así, llegando tarde haciendo Dios sabe qué!
-Sabes, porque en vez de llorar no me sirves algo para comer.
-Ya que eres tan valiente para tomar, sé también para hacerte tus cosas.
Tus ojos se inyectaron de odio y lentamente te aceraste a ella para, zum! Plantarle tremenda bofetada en toda la cara y dejarla así casi desmayada en el suelo, mirándote, quien sabe con odio o con miedo.
-Para eso tomas infeliz –Te gritó.
Levantaste la mano una vez más pero te acordaste de aquella arma que tenías en tu cajón. Con el piso moviéndose bajo tus pies te tambaleaste hasta la mesa de noche y sacaste el revolver, y lo colocaste en el centro de su frente. Solo querías asustarla, un susto para que aprenda que no se debe meter contigo, porque sabes Leticia, él es el hombre de la casa, o eso quiere aparentar antes sus amigos, antes sus clientes y ante todo aquel hombre que dudara de su hombría.
-¿Que haces? No juegues con eso.
La miraste desviadamente, y tus ojos se nublaron y solo sentiste aquella quemazón en las manos. El hilo de sangre que salía de su frente se empozaba en sus ojos aún abiertos, bajaba por su nariz, desviaba sus labios, tocaba el collar para terminar en el suelo. Tus ojos se abrieron. Sentiste que todo el alcohol que llevabas en la sangre se evaporaba en tus venas, y tocabas tierra, y sentías que todo el mundo se te venía encima. La miraste, cogiste el collar y saliste en el carro.
El carro seguía avanzando. La aguja marcaba ciento diez, la pista estaba resbalosa, lo sentías en el timón. Decidiste prender un cigarro para calmar los nervios, la lluvia caía sobre el parabrisas y a través de este ya no se podía ver nada, así que solo dejaste que el carro se conduzca para sentir el golpe frío y seco de la muerte, antes de eso solo atinaste a cerrar los ojos. Cuando los abriste de nuevo te viste dentro del carro, empotrado en una viga de la vía expresa, con el cigarro aún colgado de tus labios, para que luego este cayera y se moje con la gasolina que caía del tanque que estaba roto. El carro explotó. Física y sicológicamente destrozado
-¿Te sientes bien?
La miraste a los ojos y aún estaba ahí, a tu lado, mirándote con aquellos ojos fijos, y el collar con la Virgen colgando de su cuello.
-Si, no te preocupes. Solo que me preguntaba como una mujer tan perfecta como tú puede tener a un tipo como yo a su lado. Sabes, te amo y desde hoy cambiaré. Voy a dejar de tomar
.



Pdt: Aun no olvido que tengo el otro el otro cuento pendiente
Pdt2: Si, ya se hace 1 mes que no publico

Pdt: Este cuento lo presenté para un concurso que organiza mi academia. Ojalá gane. Son 135 soles
 

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