lunes, 12 de octubre de 2009

"El duelo"


“Toda esa noche provocaste ver en mi
lo que a nadie muestro en la intimidad
pero ese tipo de mirada que hay en ti
me obligo a matarte lentamente”

La ley “El duelo” (1995)


Para la mujer de los fonemas líquidos


Metiste la llave en la ranura y la giraste. Aquel sonido negro y vacío aún rebotaba en tu cerebro, un sonido como un zumbido, como cuando sus pupilas se contraían lentamente, como cuando sus ojos se cerraban y se protegían en esa oscuridad eterna. Su miraba caía, su cuerpo, sus labios que alguna vez probaste. Esa era la última imagen que tenias de ella antes de subir al auto y poner primera.
La niebla cubría la ciudad mientras la recordabas, mientas recordabas la tarde en que le pediste a Leticia que fuera tu esposa. Su cara de alegría. Recordabas que demoro una semana en darte la respuesta, demoro tanto que ya estabas dudando en si te aceptaría, y es que a pesar de que ya te había recibido el anillo no te dio la respuesta en ese instante. Un delfín enroscado en su dedo era el regalo que le darías. Hasta que llegó el día de la fiesta de compromiso y la viste con el collar que le regalaste cuando aún eran jóvenes enamorados, tu alma se ablando y ya no eras hombre si no sentimiento puro, materia que solo podía sentir. La imagen de la Virgen María colgaba de su cuello con la inscripción que decía: “Santísima Virgen María protégeme de todos los males”. Te alegró verla con el collar y el anillo aquel día.
La pista estaba mojada, la neblina dio paso a la garúa, que no se esconde de ti, la ves por la luz de los postes, y en los pequeños charcos que reflejan el cielo oscuro de la madrugada. Cerraste los ojos y la recordaste, y viste su imagen en tu mente, y tus manos temblaron, por un momento el carro se balanceo, pero tomaste control de él, pero qué podías hacer su imagen aún te atormentaba, tenías ese olor fuerte en las manos, y seguías sudando a pesar que tenías las ventanas abiertas. Tomaste la primera entrada a la vía expresa con destino a la avenida Javier Prado. De reojo mirabas a los taxistas manejar somnámbulamente al otro lado de la vía como si huyeran del destino que vas a tomar.
El día del matrimonio fue el mejor día de tu vida, y es que a pesar de que me aburría ver al sacerdote hablar durante toda la ceremonia, me divirtió verte con aquel terno negro como si fueras a un entierro. Después que llegaste de la luna de miel, que duro 2 semanas si no me equivoco, todos en el bufete se burlaron del traje que llevaste en el matrimonio, pero tú no les tomaste atención, eras todo un caballero. Cogiste la palanca del carro y cambiaste a segunda. Note que no te habías a acostumbrado ver a Leticia todos los días, aquella mujer con la que compartirías tu vida y quien sabe, tendrían hijos. Pero nunca los tuvieron. Ella te miraba como la primera vez en que se vieron. No creías que mujer tan bella fuera tuya.
-Por un demonio, por qué. Porqué –gritaste, para cambiar la velocidad del carro a tercera.
Desde que cogiste el carro no habías pisado el freno, ¿Quieres matarte? La lluvia seguía cayendo por el parabrisas, las llantas giraban cada vez más rápido como si flotaran sobre la pista.
Nunca supiste como comenzó, lo único que sabes es que empezaste a beber desde hacía ya un tiempo, ¿Como? ¿Qué por culpa de Leticia te volviste alcohólico? ¿Solo porque pelearon una vez? Y es así como decidiste desahogarte en el trago, aquel ron que hacia arder tu garganta al pasar.
Ochenta kilómetros por hora y subiendo. La noche se acaba, el carro acelera y las ruedan giran cada vez más rápido como si quisieran salir volando por los aires. Llegaste tarde hoy en la noche a casa. Te quedaste celebrando el cumpleaños de un colega del bufete y claro tú tenias que estar presente, había trago y música a todo volumen, pues francamente querías despejarte de tantas horas de trabajo, tratando de memorizar nuevas leyes o como aplicar nuevos códigos civiles. Cuando entraste viste Leticia llorando por ti, por como habías cambiado y habías dejado de ser aquel joven amable que le regaló aquel anillo con el delfín, ese delfín que simbolizaba la valentía, y esa valentía que ahora estabas perdiendo.
-¿Por qué lloras? –preguntaste fríamente
-Por qué me das pena. Me da pena verte así, llegando tarde haciendo Dios sabe qué!
-Sabes, porque en vez de llorar no me sirves algo para comer.
-Ya que eres tan valiente para tomar, sé también para hacerte tus cosas.
Tus ojos se inyectaron de odio y lentamente te aceraste a ella para, zum! Plantarle tremenda bofetada en toda la cara y dejarla así casi desmayada en el suelo, mirándote, quien sabe con odio o con miedo.
-Para eso tomas infeliz –Te gritó.
Levantaste la mano una vez más pero te acordaste de aquella arma que tenías en tu cajón. Con el piso moviéndose bajo tus pies te tambaleaste hasta la mesa de noche y sacaste el revolver, y lo colocaste en el centro de su frente. Solo querías asustarla, un susto para que aprenda que no se debe meter contigo, porque sabes Leticia, él es el hombre de la casa, o eso quiere aparentar antes sus amigos, antes sus clientes y ante todo aquel hombre que dudara de su hombría.
-¿Que haces? No juegues con eso.
La miraste desviadamente, y tus ojos se nublaron y solo sentiste aquella quemazón en las manos. El hilo de sangre que salía de su frente se empozaba en sus ojos aún abiertos, bajaba por su nariz, desviaba sus labios, tocaba el collar para terminar en el suelo. Tus ojos se abrieron. Sentiste que todo el alcohol que llevabas en la sangre se evaporaba en tus venas, y tocabas tierra, y sentías que todo el mundo se te venía encima. La miraste, cogiste el collar y saliste en el carro.
El carro seguía avanzando. La aguja marcaba ciento diez, la pista estaba resbalosa, lo sentías en el timón. Decidiste prender un cigarro para calmar los nervios, la lluvia caía sobre el parabrisas y a través de este ya no se podía ver nada, así que solo dejaste que el carro se conduzca para sentir el golpe frío y seco de la muerte, antes de eso solo atinaste a cerrar los ojos. Cuando los abriste de nuevo te viste dentro del carro, empotrado en una viga de la vía expresa, con el cigarro aún colgado de tus labios, para que luego este cayera y se moje con la gasolina que caía del tanque que estaba roto. El carro explotó. Física y sicológicamente destrozado
-¿Te sientes bien?
La miraste a los ojos y aún estaba ahí, a tu lado, mirándote con aquellos ojos fijos, y el collar con la Virgen colgando de su cuello.
-Si, no te preocupes. Solo que me preguntaba como una mujer tan perfecta como tú puede tener a un tipo como yo a su lado. Sabes, te amo y desde hoy cambiaré. Voy a dejar de tomar
.



Pdt: Aun no olvido que tengo el otro el otro cuento pendiente
Pdt2: Si, ya se hace 1 mes que no publico

Pdt: Este cuento lo presenté para un concurso que organiza mi academia. Ojalá gane. Son 135 soles

5 Reacciones pervertidas:

Angus dijo...

Ne me quitte pas me deprime muchísimo pero esa es otra historia... Tu texto me ha enganchado desde el principio. Me ha parecido realmente fantástico. Me ha encantado, vamos!. Un saludo.

NeO dijo...

oe compare si no ganas con esta historia...

puta mare perver... que historia más buena... todo en ella esta bien!!

Salu2!

Lafrau dijo...

Hey tambien me enggancho esta historia... buenisima

Anónimo dijo...

dos dias sin despedirte no son dos dias son disa sin venir a mi recuerdalo siempre no olvides lo que eres o lo que ocultas por mi por todo lo que somos hasta ahora solo escribo por ti los versos mas afables del universo:
Ayer te pasar en la negra noche sin mirarme al ignorarme tu rostro se iba y contigo el recuerdo de no habarme conocido quiero ver tu rostro al atardecer como el dia en que te conoci y decidiste dejarme por otra y desviaste tu mirada al paasar sin mi a tu lado .
Bruno te sigo a tu lado pero ¿acaso no entiendes que te quiero olvodar? olvidar...
porque me haces esto a mi tu amiga que a pesar que te hice daño te recuerda sin llamarte a tu celular pero me hace daño recordar lo que tanto me heriste ,me ilusionaste el dia que te conoci y no se como explicarte mi penoso dolor con todo lo que te diviertes con las otras personas y yo aqui en mmedio de la nada como una vez me conociste estoy como antes.
yo Y.E.D y tu T.V. NO SE si recuerdas aquello revoluciones de mis emociones cuando estas lejos de mi brunillito se que me haz olvidado y me odias y eso me hace sentir en la soledad del olvido de los rincones de la suerte.

Anónimo dijo...

oe BRUNO TE PASAS LEO SIEMPRE AH QUE TE CUENTAS DE LADY AYER CREO QUE TE VI

 

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